4° Rima

Toni volteó el cuerpo de su amigo con temor. Un largo y denso salibazo teñido de rojo llegó hasta su  mano. Se puso de pie en un salto. Un gato oscuro se paseaba por la barra. Un fuerte golpe a vidrio roto musicalizó el despertar de Leandro. Se dejó arrastrar de los tobillos agonizando y murmurando quejas sin ningún sentido, pese a las constantes súplicas de silencio. Acomodó la mochila cual almohada y usó un roñoso repasador para envolver unos cubos de hielos y posarlos sobre su mente.

Por un instante se olvidó de sus perseguidores. En el bar no quedaba ni una mesa con cuatro patas.

Llegaste desafiante, sonriente, insolente. ¿Es que acaso tan pocos usas eso a lo que llamas mente? Osas aparecer con la mochila al hombro y te esfumas luego entre los escombros. Alardeaste cien billetes de propina, con una, dos, tres y otra mina en cada esquina. El error en La Puerta se paga caro, más cuando te andas así billeteando mano a mano. Tamaño contraste a quien te enfrentaste. ¿No podías hacerlo más parejo? Se llevaron las propinas y a ti, casi te rompen cada hueso.

Leandro soñaba con ser el primer rapero italo argentino en conquistar el mundo. Ni los constantes escupitajos rojos detuvieron su rima. Una de las rubias embriagadas creyó en la estupenda idea de recordar el momento para siempre. A un click tomó la fotografía que sería la primera pista concreta para revivir la última noche y, partiendo de eso, construir el rompecabezas justiciero. De allí el encuentro con Leandro.

Al tiempo que el cerrojo parecía comenzar a ceder, Leandro abrió un ojo. El otro, imposible. Los golpes intensificaron su potencia. Desde afuera, los perseguidores trataban de ingresar a como de lugar sin molestarles las decenas de transeúntes que paseaban en las proximidades.

Quiénes te buscan? Por qué te escondes? Dime todo! Cómo cuándo y dónde. Por qué no te veo en calma? Qué cazzo es eso? Es una arma? Si algún día matas a alguien, no te preguntaré por qué lo hiciste, sé quién sos pero no quién fuiste; te diré que descanses un momento, y tendré el mejor lugar para esconder el cuerpo.

La puerta volvió a interrumpir la conversación. Se veía que su resistencia tenía los segundos contados. Toni le suplicó reacción a su atrofiado amigo y dejó la mochila dentro de una puerta disfrazada entre trapos y botellas del otro lado de la barra. Colocó el arma por su espalda, sostenida con el cinturón. Sostuvo la cabeza de su amigo. Le tembló la mano al sentir el poseado cráneo. Con precaución, apoyó la sien contra el pegajoso y mugriento piso.

Uno de los perseguidores entró de un salto empujado desde afuera. Se detuvo el tiempo. Toni sintió tiritar su cuerpo y un dejo de decepción paralizó su cuerpo al reconocer a Gabi, el nuevo protagonista de la escena.

Vistete pronto que estoy apurado…