5° Ok, Lets Goa!

 

De regreso a lo que ahora llamo casa, les recuerdo que las cosas han cambiado un poco luego de estos 18 días en Karnataka. Adriana volvió a Estados Unidos, para pasar navidad en New York y seguir su vida en New Orleans. A Andrew le “pidieron amablemente” que deje el cuarto, al parecer sus borracheras nocturnas despertaban y molestaban a todos hasta el hartazgo, ahora vive del otro lado de la montaña a unos veinte minutos de caminata por la playa, un complejo muy agradable, lleno de otros borrachos. Tom y Birk (padre e hijo) también noruegos se acoplaron a la banda. Los encontré a todos en Samantha esa misma tarde. En el bar ya no trabajaba Lee, y recién empecé a cruzar palabra con Raj, con quien antes no había hablado. Raj está enamorado de Rita, una italiana divina, y por alguna de esas razones cree que yo también hablo ese idioma. – ¿Cómo se dice buen día hermosa, te amo en italiano? – me preguntaba con el celular en la mano, preparado para enviar un mensaje a su amada. Las preguntas se repitieron a diario, intenté ayudarlo siempre con la mejor onda hasta que sus intenciones superaron mi basto conocimiento del idioma. “¿Ubicas el traductor de Google? Bueno, usalo. Te va a servir más”. Conocí a Rita unos días después, vive en Cerdeña y, agradecida por la ayuda brindada, me invitó a pasar por allí cuando vuelva a Italia. Hoy, dos semanas después de mi regreso, Raj dejó su puesto de trabajo en Samantha (lo tomó Lee nuevamente) y se mudó con Rita a una pequeña casa cerca de la mía, nos cruzamos todos los días y compartimos algún que otro expresso (difícil de encontrar café como ese en Goa).

Tanto Raj, como Lee, Alí y como tantos otros indios, siempre estaban dispuestos a ayudarme en lo que sea. En el viaje a Karnataka junto con Mat llegamos algo de noche a la ciudad de Mangaloore. Caminamos varias cuadras intentando buscar alojamiento pero no había ni un hotel. Ah, claro. En el sur las cosas no son así, como si el idioma no fuese lo suficientemente complicado, allí un “Hotel” es el lugar a donde uno va a comer, no a dormir. ¿Por qué? ¿Por qué? ¡¿Por qué maldita razón no lo llaman restaurante como en cualquier parte del mundo o inventan otra palabra en lugar de usar una tan necesaria como hotel?! Bueno, tema de ellos será. En definitiva, buscábamos un “Lodge” en donde quedarnos (claro, así le llaman al hotel) pero la búsqueda parecía ser cada vez más difícil. Un hombre se paró delante de mí. Hola ¿hablás español? Si ¿cómo lo sabes? Por tu cara, tu barba. Eso si que fue una sorpresa para mi. El hombre estaba estudiando traductorado de español y portugués hace un par de meses, la conversación continuó bastante prolija. Le conté de nuestro problema para encontrar dónde pasar la noche y enseguida sacó su celular y comenzaron las llamadas. Al tercer intento fallido, le agradezco y le ruego no se moleste más. – Amigo, estás en India. Este es mi país y tu eres un invitado para nosotros, estamos acá para ayudarte en lo que necesites y que disfrutes al máximo – me contestó. Estas personas realmente saben como tratar a la gente. Finalmente encontró un alojamiento abierto para nosotros, le agradecimos en cuatro idiomas (español, inglés, polaco e hindi – Shokria -) y su respuesta fue aún mejor: No, gracias a vos por haber venido a India.

La llegada del 24 de diciembre se aproximaba en el calendario. Si no me equivoco, esta va a ser la primera vez que voy a pasar navidad fuera del país. De todas formas, estar en Goa, con esta gente, me hace sentir en casa de alguna manera. Antes de la juntada nocturna, Birk me pidió que lo acompañe a la “main road Arambol” para jugar a ser Santa por unos minutos y comprar algunos presentes para esta bizarra banda internacional que nos pensamos “familia”. ¡Mierda! – pensé. Eso significa que yo también tendré que hacerlo y no tenía ni la intención ni el dinero para ello…  Caminamos la calle principal en donde se encuentran todos los mercados. – Hello my friend. Come in. Good price my friend, good price – el torpe inglés-hindi ya sonaba como un eco en mi cabeza a medida que avanzábamos por la calle. Pareos, artesanías, mochilas, instrumentos y remeras.

Regla #1 en India: nunca digas que es la primera vez que estás en el país, sino te caminan.

Al segundo que nos deteníamos a ver una remera, se nos acercaban a quemarnos a preguntas y pedidos de compras que ya arrancaban con el regateo sin siquiera haber recibido la primera oferta de nuestra parte. Después de un par de horas en el mercado terminamos las compras y volvimos a casa para envolver los regalos en pequeños pedazos de tela que compramos. Un mini buda para poner inciensos y un juego de dados para Nella; una pipa para Tore, sedas y filtros para Tom (idea de su propio hijo); yo le regalé a Birk una remera de entrenamiento de Boca y él me regaló un juego de cartas y un libro. Al final logré cumplir con todos los regalos gastando relativamente poco.

Regla #2 en India: siempre, SIEMPRE, se regatea.

“Ivon’s” fue el restaurante elegido para celebrar navidad. Allí recibí otros regalos: unas bolsitas estilo monederos de parte de Nella y un pack de 6 cervezas de parte de Tore. Habían ordenado una fuente gigante de langostinos, pero de los grandes. – Yo no como pescado – les dije, y me miraron como si fuera un extraterrestre. “Mejor, más para nosotros” imagino que habrán pensado. Dejando el presupuesto de lado por una noche, ordené una buena pizza de jamón con morrón y una birra, que se transformaron en 3 (todos saben que la pizza se come con birra ¿no?). Finalmente, la comida fue el regalo de Tom, gran presente, sobretodo considerando el poco empeño y dinero que gasté en su regalo.

La noche siguió en Samantha a donde fuimos a brindar con los amigos del bar. Unas birras después partimos hacia la fiesta en “Coco Loco”. Música electrónica, cientos de personas bajo el efecto del alcohol y otros, bailando descontrolados mientras el bizarro dj local hacia su magia con la bandeja de la computadora. Total de gente: 150 aproximadamente. Nivel del shanti shantinismo: cero.

¡Qué encuentro! Una tarde cualquiera, tomando una cervecita en mi querido Samantha, escucho una voz femenina decir mi nombre. – ¡ Al fin te encuentro boludo! – sin sacar los ojos del libro, una sonrisa se me dibujó en la cara y creo haber sentido un principio de lágrima crecer en mi ojo derecho, esa palabra tan argenta me llenó de alegría. Dejé el libro, levanté la vista y allí estaba ella, Josefina Ramos. Una amigota de Buenos Aires con quien nos veníamos escribiendo hace unos días pero parecía que iba a ser imposible nuestro encuentro. Hicimos memoria y coincidimos en que la última vez que nos habíamos visto había sido en una comida en mi casa la noche anterior a mi partida hacia Hawaii en el 2008. ¡Y ahora nos encontramos en la India!

Jose estaba con Marta, una catalana súper divertida. Como siempre, una birra se transformó en dos más. Para mi era una alegría inmensa volver a hablar en castellano de nuevo. Luego llegó Luli, una ceramista de Río Cuarto. Junto con ellas, Birk y Tiger (este último es uno de nuestros perros), anduvimos paseando un par de días. Tomamos un taxi y fuimos a ver el segundo árbol más grande de India (el más grande está en Calcuta, ya llegaré ahí) que tiene miles de miles de años y las ramas se extienden hacia todos lados con una expansión de unos treinta metros de diámetro según pude calcular a la vista. Comimos juntos un par de veces y tomamos unas birras en Samantha varias veces. Hoy, Marta ya se volvió a Barcelona, a pesar de habernos visto tan sólo un par de días atrás, no pudimos despedirnos como al menos yo hubiese deseado, aún así dejome una lindísima carta de regalo entregada por Jose junto con otro pequeño regalo.

Birk, por momentos, me hacía acordar a un camionero que nos levantó en Karnataka. – Cow, do you have this in your country? – fue la primera pregunta del conductor cuando una vaca cruzó por delante nuestro. Seguido a ello, cada cosa que pasábamos en la ruta, el camionero señalaba, nombraba y preguntaba con una sonrisa enorme y los ojos brillando de emoción: arroz, electricidad, camionetas, selva… do you have this in your country? En fin. Ese viaje en el camión duró algo así como unas 127 preguntas. El tipo sólo estaba interesado en aprender más sobre Argentina y Polonia. Las preguntas de Birk eran un poco más divertidas. – ¿Qué onda las minas de Argentina? ¿La joda? ¿La birra? ¿El asado?- preguntaba ya deseoso de visitarme. Y bueno, el muchacho está interesado en aprender sobre la cultura argenta, por supuesto. Piensa estudiar para ser Chef y así poder viajar y ya planea en visitar Argentina lo antes posible.

¡Que venga el  2012 que lo estamos esperando! Pasamos año nuevo junto a las chicas, los noruegos, Nela y un grupo de españoles y argentinos. ¿En dónde? En Samantha, obvio. Fuegos artificiales, dignos de competir con los de los 90s, se desplegaron por toda la extensa playa. Hicimos un fogón en la misma, brindamos 73 veces y fuimos para la fiesta. Si, eso es todo lo que recuerdo, no pretendan más detalles de la noche. Me contaron que en la fiesta había una especie de banda, que la entrada salía mil rupies (cien pesos) y que todos la pasamos diez puntos.

La mañana del primero de enero del dos mil doce comenzó con unos extraños ruidos que venían desde el baño, Nella se resfrió durante la noche. Esos continuos ruidos despertaron parte de mis recuerdos que descansaban en mi mente junto con el ejército de enanos que trabajaban en la reconstrucción cerebral sufrida por los daños de la última noche. Pero el recuerdo era muy grato. En fin, fue una mañana dura, pero acompañada de una sonrisa memorando uno de varios amaneceres junto a mi ruidosa amiga.

Mi aspecto argento parece estar intacto luego de casi dos meses en la India. Unos días atrás una señora sueca me saludo en su idioma pensando que era noruego, pero eso es puro crédito por quienes me rodeaban en la mesa. Sin embargo, una noche, junto a Birk, armamos un fogón en la playa. A los pocos minutos una pareja de indios recién casados se detuvieron a nuestro lado. La chica hablaba algunas pocas palabras en español pero más me sorprendió su conocimiento, adivinó que era de Argentina en cuanto le dije un par de palabras en mi querido idioma. Seguimos la conversación en inglés para que los cuatro podamos comprender todo. Les dije que Agra era uno de mis próximos destinos y no dudaron un minuto en ofrecerme una invitación al casamiento de un amigo de ellos para el 14 de enero. Esto es fantástico. Cuando le conté a Nella de la invitación recibida no se sorprendió ni un poco. Ella recordaba que una de las primeras noches le dije que me interesaría ir a un casamiento hindú. – Todo lo que desees en la India, lo conseguís – me dijo. Y es cierto. La tarde que salimos a comprar los regalos navideños con Birk, yo me había empecinado en un juego de dados para ella, recorrimos todos los negocios, intentaron venderme dos juegos de backgammon para usar esos dados diciendo que no hay manera de comprarlos por unidades, finalmente encontré una caja con forma de dado y cinco dados adentro en el último negocio justo cuando ya estaba por bajar los brazos. Cuando fuimos a Vengurle, la playa donde sólo estábamos nosotros y un par de perros, encontramos un poste de luz tirado y yo le dije que mi bizarro padrino coleccionaba los pequeños conductores de electricidad, intenté sacarlo pero fue imposible; hace tan sólo un par de días, andábamos juntos en la moto volviendo de un ritual de flores en el árbol gigante cuando de repente, detiene la moto y me señala otro poste de luz tirado. De nuevo. Todo lo que deseas en la India, se hace realidad. O a veces sólo hay que esperar a la segunda oportunidad, ya que gracias a la horrible comunicación (o “incomunicación”) entre las partes no encontré una manera eficiente de comunicarme con esta pareja.

Regla #3 en India: no dejes que los hindúes anoten sus emails y/o teléfonos, después es imposible entenderles las letras.

Todo final tiene un nuevo comienzo. Y, como les dije alguna vez, no se puede planear nada con más de un día de anticipación en India. Por ende, hoy parto camino a Hampi. La idea de ahí es seguir para Bidar, e ir frenando poco a poco hasta llegar a Calcuta, no tengo ni idea cuántas horas o kilómetros separan ambas ciudades (tampoco creo que nadie pueda decírmelo con exactitud). En fin, eso es todo por ahora, mochila al hombro nuevamente, cámaras de fotos cargadas, billetera en mano… Adiós, nos vemos luego.

Sean felices

Shanti Shanti