6° Happy Hampi

 

Si bien el comienzo de este nuevo episodio puede llegar a sonar no tan “happy” estoy seguro que lo disfrutarán de la misma manera en que yo lo disfruté creándolo. Uno a veces se debe poner ante situaciones un poco límetes para encontrar nuevas aventuras. A pesar de las ansias de volver a redactar un nuevo capítulo de este viaje, la incomodidad de la tecnología del país asiático no me permite darme el tiempo necesario para superar uno de mis objetivos (entretenerlos). Aún así, como siempre, hago mi mejor esfuerzo mientras tipieo y retipeo. Las teclas están sucias, pegajosas y duras como piedras.

Arambol – Mapusa – Panaji – Vasco da Gama. Una combinación de colectivos y un total de 3 hs aproximadamente y 52 rupies para llegar a la estación. Una vez allí caminé hasta la estación de tren que son unos 2 km aproximadamente desde la estación de colectivos, compré el pasaje hacia Hospet por 97 rupies y me puse en camino a buscar un hotel. El primero que encontré tenía un aspecto demasido lujoso y un cartel con los precios al lado de la recepción. 2400 rupies por el cuarto más barato. Sin decir una palabra di media vuelta y encaré hacia la salida. El señor de la recepción me llama. Hablamos por unos minutos mientras le explicaba que era muy caro para mi, pero él insistió en que le dijera mi precio para hacer algún tipo de descuento. Finalmente le confesé mi presupuesto, casi que se me rió en la cara pero siempre estuvo bien predispuesto. – Ah … no, perdón no puedo ayudarte – me dijo. Claro, era un tanto obvio… pero la verdad es que siempre están con toda la buena intención, a lo mejor no tanta!

Los otros hoteles no bajaban de 800 rupias, por lo que mis deseos de dormir en un hotel se empezaban a desvanecer. Un muchacho que limpiaba su auto vio mi cara de frustración y me ofreció su ayuda. Cuando le dije que era de Argentina, llegó la respuesta típica de cada persona. – Argentina? Messi! Messi! Football! I love Messi- lo sé, todos lo amamos. Luego de los agasajos hacia el excelente futbolista argentino, le pedi ayuda. – Acá en Vasco, no vas a encontrar nada barato, tenés que ir para allá unos cuatos kilómetros – me dijo decepcionado por no poder ayudarme. Claro, el tren sale a las 7 am, por ende, lo que camine hoy lo tendré que volver a caminar mañana a la madrugada. Carajo! Un cigarrillo y a pensar de nuevo la logística.

Caminé hacia la estación de tren una vez más para investigar sus comodidades. Techo. Asientos incómodos. Frío. Mosquitos. Un bar donde sirven chai 24 horas abierto. Caminé para un lado, para otro, de una punta a la otra. Rolé un cigarrillo y fui a la plaza a pensar qué hacer. No se puede fumar en ninguna estación de tren o colectivo, parece joda, cuando uno más lo necesita estos muchachos te cancelan el vicio. Faltan aún 13 horas para que salga el tren, una hora para comer, otra para escribir, 3 horas dura la batería de mi reproductor de música, y tengo un nuevo libro en mis manos… no está nada mal. Luego de un paseo más volví a la plaza a fumar otro cigarrillo y perder un poco de tiempo. Los negocios empiezan a cerrar. En el “Hotel Pavitra” (recuerden que un hotel es para ir a comer y no un alojamiento), pedí un plato de comida típica del sur, un agua y un chai. El plato consta de arroz, dos chapatis (es como la masa de la empanada) y un roti (lo mismo pero frito) y cinco pequeños bowls con distintas salsas: dulce, normal, un poco picante, la puta que te parió y dame otra agua por favor! Así en ese orden. Igual está bastante bien para un plato más que sustancioso por un total de 90 rupias (propina incluída). Mientras hablaba con el mozo sobre sus comidas, una mujer más que linda, entró a saludar al mozo. Me miró y me saludó en su idioma, yo le sonreí y luego me di cuenta que tenía la misma cara de idiota que las otras veces cuando no entendés nada de que te están hablando. Después me preguntó de dónde era y me dijo que pensó que era de la India!! Mi barba confunde a la gente.

De nuevo en la estación, un hombre de más de 40 años se acercó a manguearme un pucho. Shimú es su nombre. Le conté que iba a quedarme a dormir en la estación y me dijo que la multa es de mil rupias, pero que me tire en la puerta con todos los demás, que no había problema alguno. Le hice caso y él se sentó a mi lado – yo te cuido, no te preocupes- me dijo. De repente pasé a ser el centro de atención de todas las miradas. Si bien mi aspecto no era el mejor, todos parecían sorprendidos de ver a un “blanco” tirado junto con ellos. Trataron de hablarme, todas las conversaciones duraban hasta que se rendían ante su escaso conocimiento del idioma inglés, pero cada vez que hablaba se  sumaban más y más oyentes para escuchar al extranjero que vino desde las lejanas tierras de sudamérica. Me sentía sucio y la barba de varias semanas no ayudaba, mil mosquitos nos rodeaban. Me envolví en la sában “prestada” por Turkish Airlines e intenté dormir un poco.

200 páginas, 3 horas de música, 6 puchos, 3 sueños y 5 chais después, se hicieron las 6 am. Entré al tren. En mi asiento compartido con 5 indios había peleas por la reserva de asientos. Uno de ellos sacó su celular y puso música, no sé cómo hacen pero sus teléfonos suenan como un equipo de máxima potencia. A nadie parece importarle si al otro pasajero le molesta o no la música. Llegaron 3 hombres y echaron a los otros 2, a los pocos minutos, otros 5 llegaron para ocupar los lugares vacíos. Son amigos entre ellos así que está todo bien. Pasan las valijas, me pisan, hablan, señalan y yo escribo mientras miro con cara de boludo. El que está al lado mío y el de enfrente me espían sin verguenza mientras escribo sobre ellos.

Finlamente, luego de  7 horas y pico, llegué a la estación de Hospet. Al mismo instante me vi rodeado por locales que ofrecían llevarme a Hampi en sus rickshaws. Le pregunté a la primera turista que vi si quería compartir el “taxi” pero me mandó al demonio diciendo que se tomaría el colectivo. Mi segundo intento fue mejor, así conocí a Fabián (alemán, físico, de 24 años), fuimos juntos y alquilamos un cuarto para compartir gastos. Fabián conoció a una inglesa y quedamos para ir a comer junto con ella y sus dos amigas. Para mi sorpresa, la chica de la estación estaba ahí, su nombre es Emma es autraliana y música, una divina después de todo. Me pidió perdón como 50 veces y me explicó que se había bajado mal en una estación porque tuvo que ir y volver como 5 veces, estaba a las reputeadas cuando le ofrecí compartir el taxi. También estaba Freya, una escocesa muy simpática de 27 años y Leone, una inglesa colorada, abogada, buena onda. Juntos recorrimos el lugar durante varias horas, el mayor desafío pasaba por eludir a los hiperactivos monos que, sin vergüenza, buscaban llevarse cualquier recuerdo pudieran de nuestras mochilas.

Al día siguiente fuimos todos juntos a una caminata alrededor de Hampi, es un pueblito increíble rodeado de templos y ruinas de hace mil años, la verdad que por más que suene a nuevos y más templos, tengo que decir que es un lugar distinto. Por la tarde conocimos a Ben y Jo, un canadiense y una inglesa que se zarpan de buena onda… ellos están del otro lado del río en donde si se vende birra, por lo tanto, hacia allá me fui. Comimos todos juntos y se sumó una alemana, Emilia. Eramos la mesa más internacional que podían encontrar. Le conté a Ben de mis amigos canadienses, los Nystrom de British Columbia, a quienes conocí varios años atrás en Hawaii, por supuesto que no los conocía, pero por lo visto, todos los canadienses que me cruzo en mi camino suelen ser tremendas personas. Nos convertimos en grandes amigos, creo que sobretodo por una noche que tuve que hacerle de enfermero personal.

En esos días en Hampi, hicimos varias caminatas por medio de las montañas. Se nos sumaron Moisés (un venezolano que vive en Bélgica hace 5 años) y Sandra, una suiza muy interesada en la política argentina, imaginen lo que opina ella de nuestro país.

Desde Hampi me tomé un bondi de 12 horas donde conocí a Tom y a Isabel, un inglés y una alemana que viven en Barcelona, una pareja fantástica. Pasamos el día en Hydrabarg y luego me tomé un tren de 25 hs para llegar a Calcuta. Si, me bajé y me la dibujé de nuevo, si entienden lo que digo.

El presupuesto diario disminuyó groseramente dado a lo caro de los pasajes, ahora cuento con 436 rupies por día.

Sean felices

Shanti shanti