7° Caótica Calcuta

 

Luego de la excursión al Monkey Temple (para el cual tuvimos que subir 500 escalones), fuimos a almorzar a Hampi a modo de despedida con Ben, Emma, Sarah, Antoine y Tui. Esta parte es la peor del viaje, una vez que conocés nueva y buena gente a medida que pasan los días unos se van yendo, otros van llegando, pero por más que sea una amistad pasajera siempre son incómodas o tristes las despedidas. Lo bueno es que cada uno abre las puertas de su casa para cualquier momento que uno quiera o pueda pasar ya sea por Barcelona, Praga, Vancouver, Ginebra, París o Sidney.

Esta vez Emma aceptó compartir un rickshaw aunque a decir verdad yo, como todo caballero, decidí acompañarla, pues su colectivo hacia Mumbai salía a las 17 hs, mientras que el mio, con destino a Hydrabard (donde tomaría el tren hacia Calcuta), salía recién a las 20:30.

Dejé a Emma en la estación y fui a buscar un kiosco para comprar sedas para los cigarrillos. – Rolling paper? No! Only in Hampi – fue la misma respuesta de los 6 lugares en donde pregunté. ¿De verdad que no tienen sedas acá? ¿Pero si es una ciudad mucho más grande que aquél pueblucho? Frustrado y un poco molesto conmigo por no haber comprado antes, decidí ir a la terminal a ver si encontraba alguna cara blanca con quien pasar el tiempo. Allí conocí a Enrika (finlandesa, 21 años). Hola, esperás el colectivo a Hydrabard? Si, a las 20:30. Ah… che… tenés sedas? Claro. Enrika me dio una seda de las largas, armé un eterno cigarrillo y la invité a tomar un chai para hacer menos amena la espera. Empezó la danza de típicas preguntas. ¿Hace cuánto estás? ¿Cuándo te vas? ¿Por dónde estuviste? Su tono de voz es un tanto agudo pero dulce, y sus monosilábicas respuestas a causa de su timidez me hacían adormecer un poco. Eso sería genial para el colectivo. Un buen sedante. Me confesó que no se siente del todo orgullosa de su manjero del idioma inglés, pero no teníamos mucha opción. ¿Alguien sabe finlandés?

De vuelta en la estación veo otros dos rostros europeos. El blondo pelo de ella hacía obvio su origen alemán; las orejas y los dientes de su pareja marcaban la evidencia de su nacionalidad inglesa. Isabel y Tom Wilkinson están de novios hace varios años y vivien en Barcelona, por lo que pudimos hablar un poco en español. Enrika se fue, pues tenía otro colectivo reservado. Nosotros tres, esperamos las dos horas de demora charlando sobre nuestros viajes y compartiendo buenas y malas experiencias. De nuevo la clásica danza de preguntas y respuestas. Ellos iban con destino a Varanassi y luego a Nepal para seguir su viaje, pero teníamos un día de espera en Hydrabard para la conexión.

Cuando subo al colectivo veo que mi asiento número 18 estaba ocupado por un indio de 40 años. Lo miro, me mira y al instante se hace el boludo y mira por la ventana que manteía abierta a pesar del frío que entraba por la misma. El encargado de la empresa me pide el boleto, mira al sujeto, hablan en hindi mientras yo observo todo con la mejor cara de pelotudo, también demostraba un poco de ira para ser justo. En definitiva me toca el pasillo, junto a él. No es tan grave, lo sé, pero yo arrastraba cierto cansancio y supuse que el local me molestaría más de una vez pra salir a algún lado interrumpiendo mis sueños. Dicho y hecho, así fue. En tres oportunidades del largo viaje, el tipo ni se molestó en pedir permiso o intentar no despertarme para cruzar por mis piernas. Yo, por lo general, siempre elijo el pasillo en colectivo, trenes o aviones, pues me cuesta dormir en ellos y prefiero no molestar a los otros pasajeros. Al parecer, para mi compañero de bondi, las cosas eran al revés. No sólo eso, sino que el divino no quiso cerrar la ventana ante mis primeros dos pedidos.

A las 7 am llegamos a Hydrabvard. Frío polar. Isabel y Tom, quienes habían atado sus valijas junto a la mía para mayor protección, buscaron algo de abrigo. Yo hice lo mismo. Su tren a Varanassi salía al día suigente, el mío esa misma noche. Juntos fuimos a buscar alojamiento. Ellos me ofrecieron dejar la valija en su cuarto para poder disfrutar mejor una rápida recorrida por la ciudad. Entre los dos hacen un combo genial, él es un fenómeno, no le importa nada, ella es un poco quisquillosa y determinante, no paró hasta encontrar un hotel bueno, limpio y barato. Alemana, obvio. – Las cosas son así y así tienen que ser – me dijo. Tomamos un colectivo al centro de la ciudad. Tom leía datos interesantes de la misma mientras Isa y yo escuchábamos cual alumno interesado en la materia. El mercado, el puente, el lago artificial, una especie de templo en la mitad de dos grandes avenidas que prestaba una hermosa vista de 360 grados (10 rupies para los locales, 100 para los extranjeros) y una mezquita bastante grande que en la entrada tenía un amistoso cartel “No se permiten personas ajenas a otra religión”. Yo creí poder pasar con la barba y el pelo largos como los tengo pero no fue posible. Después se quejan estos! Todo ese recorrido hizo de nuestro día una placentera sorpresa para una ciudad que no estaba en los planes de ninguno de los tres. Eso fue suficiente para conocer Hydrabard. Como toda ciudad grande, es sucia y ruidosa, aunque no tanto como las otras.

Tom me acompañó a comer a la estación de tren, allí también encontré a Enrika, quién tomaría el mismo tren hacia Calcuta. Picamos algo rápido y de nuevo la triste despedida y una tal vez imposible promesa de volver a vernos en algún lugar del mundo. Enrika desapareció antes que pueda hablarle. Otra vez solo (o no tanto), fui a buscar mi lugar en el tren. Cuando encuentro mi asiento veo que está ocupado por un indio un tanto ejercitado. Aún así, le reclamo mi lugar y se va sin protestar. Acomodo la mochila debajo del asiento, saco el reproductor de música, mis libros y me acomodo ante la vista de los demás pasajeros. Ni un sólo europeo (o blanco) a bordo. A mi lado se sienta una coreana y otros dos hindúes en el asiento de enfrente. Una familia de Nepal llega al lugar y se acomodan sin verguenza. Les explico: en cada compartimento hay lugar para seis personas y junto con ellos eramos diez y la situación no parecía del todo graciosa, mucho menos si saben que el viaje dura 25 horas. Frente a mi se sentó el padre/abuelo de la familia, vestía un  chaleco con cien bolsillos, una gorra con el escudo de Nepal y llevaba en su mano una especie de sonajero que no dejó de hacerlo girar durante todo el viaje. A la hora de la comida, la madre/abuela, ahora sentada a mi derecha, saca una especie de engrudo, le agrega agua y a comer! Dios, que cosa tan asquerosa… parecía diario mojado.

Ya asomaba la luna. El cansancio se llevó el resto de mis fuerzas. Mis ojos se rendían ante las páginas del libro pero la incomodidad de estar sentado vencía al sueño. – Perdón… yo tengo esta cama y quiero dormir – todos me miran confundidos, no entiendo. ¿Qué carajo miran? ¿Acaso no entienden la suma de asientos y personas? Intento nuevamente. –Perdón… quiero dormir y somos un millón, cómo vamos a hacer esto? – mientras señalaba los lugares para que no queden dudas. Uno de ellos me explicó que se bajaban en la próxima estación y así cedí mi sueño otros treinta minutos hasta que bajen.

Eso es algo que no entiendo en la India. Tengo el pasaje que tenga (cama o asiento) siempre van a haber más pasajeros de los que entran. ¿Todos pagan por el pasaje? Yo pagué el mío ¿Por qué tengo que viajara incómodo? Si estos que están en el pasillo pagaron ¿por qué ellos tienen que estar incómodos? ¿Y para qué demonios viene un agente de la empresa a pedir los tickets si no hace nada cuando la mitad de los pasajeros le dicen que no lo tienen? En fin. La familia se bajó y finalmente pude dormir.

Por primera vez pasé más de 8hs en un estado de entre sueños en una litera. Para cuando desperté, un nuevo grupo estaba invadiendo  los asientos. Un viejo junto a dos chicos de 15 años se sentaron frente a mi. Representaban a una ciudad en un campamento en Goa y, asupiciados por el gobierno, estaban de regreso en un viaje que les tomaría nada más que 5 días (irónico, obvio). El viejo, que hablaba un inglés súper cortado, me llenó a preguntas pero las hacía a los gritos. Mi cabeza estaba por explotar.

Me bajé en la gigantesca estación de Calcuta. El 98,9 de las personas eran indios de pelo oscuro y no medían más de un metro cincuenta, aún entre la multitud fue fácil encontrar la blonda filandesa. Hola amigo argentino ¿hacía donde vas? No sé… mi primo me recomendó el Modern Lodge. Bueno, vamos. Compartimos un taxi. Al llegar, sólo se escuchaban palabras en español! Qué alegría. Allí conocí a Florencia y quedamos para comer esa noche. Como el hotel estaba lleno salimos en búsqueda de otro alojamiento. En los alrededores no tuvimos éxito, todos estaban llenos o era muy cara la habitación. Volvimos frustrados al Modern Lodge con la esperanza que Florencia banque una noche, pero Nathan, un inglés con su firme acento de Liverpool me dijo que debería mandar a la rubia a preguntar porque yo tengo cara de hombre, básicamente. De nuevo salimos a la búsqueda y frenamos en el primer hotel donde ya había preguntado yo antes. Esta vez si había lugar. Nos llevaron a un cuarto que más bien parecía una prisión con 5 camas, todas vacías. Horrible, pero por 120 rupies no puedo esperar mucho más.

Fuimos a comer al Spanish Restaurant frente a la calle del hotel ya que Florencia fue quien puso el lugar de la cita. Nos rompieron la cabeza por un plato miserable. Lo bueno es que hacía mucho que no hablaba español y todos allí eran de Argentina o Barcelona. Pobre Enrika, se pegó un embole bárbaro. En la misma mesa estaban dos Sofías y una Florencia, conocidas de mi hermana Isabel. También todas recordaban con mucho cariño a mi Tía Ana (su ex profesora de inglés). El Modern Lodge es muy solicitado y el indio, al no entender mucho de inglés no acepta reservas. Por lo tanto, Florencia me dijo que partía a las 6 am del día siguiente y por ello madrugamos y corrimos a ocupar la habitación.

Ya con un nuevo alojamiento, esa mañana tomamos un subte hasta la Mahatma Gandhi Road y caminoamos hasta perdernos, creo que es la mejor manera de conocer una ciudad. Así llegamos hasta la otra punta de Calcuta donde encontramos el Victoria Memorial. Un palacio de mármol increíble, muchos dicen que es aún más lindo que el Taj Mahal. Paseamos por el Maiden, una plaza/parque que supo ser un fuerte en su momento. Lleno de caballos y carruajes. Vimos la estatua de Indira Gandhi y volvimos al hotel caminando. Para ser el primer día recorrimos muchísimo. En el Modern Lodge nos encontramos cono Jean-Phillippe, Amandine y Joeff, todos de distintos lados y con mucha buena onda. Compramos unas birras y nos mandamos a la terraza. Al rato llegaron Nico y Santi, dos argentinos, junto con algún chileno y varios mexicanos. Uno puso música, otro parlantes y el reaggeton hizo de calcuta un preboliche sudaca.

Hicímosle caso a las recomendaciones de nuestros nuevos amigos y madrugamos para ir al mercado de flores. Todo el esfuerzo fue en vano dado que tomamos el camino equivocado. Las calles en Calcuta son un caos. No sólo porque no son rectas sino porque estan repletas de vehículos, vendedores ambulantes, y “cartoneros” que invaden las angostas calles. Volvimos al hotel para desayunar y compartir el fracaso con todos los recién levantados (culpa de la ardua noche) y entre risas decidimos volver a partir esta vez hacia el jardín botánico.

Tomamos un colectivo de media hora y llegamos… el mapa del lugar mostraba varias puntas interesantes que visitar: la calle de los cactus, la selva, las lagunas de las flores y la pricipal atracción del lugar: El banya tree, más grande del país (algunos creen que del mundo). La verdad que fue la única que valió la pena ya que todo lo demás brillaba por su ausencia y el árbol era realmente enorme, data de unos 250 años atrás y es más grande que el que vi cuando estuve viviendo en Hawaii unos años atrás.

La noche en el Modern Lodge fue aún mejor que la anterior. Nos dedicamos a emborracharnos con la banda. Parecíamos una congregación de la ONU. Gente de todas partes del mundo compartiendo historias y vidas. Todos quieren ir para Argentina ahora que saben el precio de los cigarrillos y la birra. También es gracioso que todos saben nuestros famososo asados y el buen vino (Cuánto extraño esto carajo! Ya van casi 3 meses sin asado ni vino). Hice una apuesta con Joeffe sobre quien tiene el mejor vino, si Argentina o Francia, no sé como carajo vamos a probarlo pero me invito a degustación de vinos en Lyon para cuando esté por Europa.

Al día siguiente volvimos al mercado de Flores, esta vez nos acompañó Lior (de Israel). Llegamos al lugar. Nuevamente caos por todos lados, millones de indios compran flores para las plegarias matutinas y, por supuesto, autos que intentaban avanzar por la estrecha calle rebosante de seres humanos. Para no ser menos, rompían la paciencia con las bocinas constantes y un divino conductor no tuvo mejor idea que frenar a mi lado y hacer sonar la misma por 10 segundos, cuando se detuvo, toda mi ira se dirigió hacia él – Why man?? Why??! – le pregunté tratando de controlar mis otros impulsos. Siendo justos, después de tanto tiempo aqui creo que es la primera vez que pierdo la paciencia y mi temperamento es conocido. El mismo conductor creo que se dio cuenta de lo estúpido que era tocar bocina o tan sólo se pegó flor de cagaso, pues dejó de tocar y me miró un poco asustado (o capaz se quedó pensando por qué lo hacía).

Por la tarde acompañamos a Jean-Phillipe  a hacerse su pimer tattoo. Y aquí empezaron las preguntas sobre los significados de los mismos. Fuimos a comer a modo de despedida, en un puestito de poca monta en la calle. Una vez más las tristes despedidas llenas de besos y abrazos, y las incumpibles promesas de vernos otra vez. Sé que voy a extrañar a esta banda, en especial a Amandine, Jean Phillip y Joffren.

Una vez más, emprendí marcha hacia la búqueda del bondi – taxi – tren – todo…

Rumbo a Varanassi!! Enrika decidió ir conmigo.

Sean feliecs.

Shanti shanti