9° Abra KadAgra

         Asumí la ardua tarea de emprender un viaje de 8 horas desde Varanassi hacia Khajuraho acarreando tremendos dolores estomacales como principales enemigos. El nuevo destino es famoso por sus templos llenos de inscripciones con las diferentes posiciones del Kamasutra. Esta ciudad llena de templos fue una parada diaria en camino hacia Agra, pues sabíamos que tan sólo serían un par de horas allí.

La salida desde la ciudad santa de Varanassi, como recordarán, fue bastante incómoda y problemática. Supuse que cualquier altercado que pueda llegar a ocurrir en la estación de tren sería bienvenido luego del molesto rickshaw driver que me llevó hasta allí, pero no fue así. El tren fue aún peor. No sólo por el poco humor restante en mi haber sino por los clásicos problemas a los cuales ya debería(n) estar acosumbrado(s). En fin, esta vez tuve la grata fortuna de conseguir una litera de las que todos desean, aquella que son sólo dos y están alejadas de cualquier hindú problemático. Sólo por ello creí que el viaje no sería tan terrible. Pero lo fue… obviamente. En pocos minutos el tren se llenó de locales que, acostumbrados a estos largos viajes nocturnos, se preparan durante mucho tiempo para esto y viajan con valijas llenas de ropa y frazadas. Mientras tanto, yo intentaba cubrirme de alguna manera con mi pareo y la maldita manta prestada por la aerolínea. Los indios, como he dicho antes, pueden ser las personas más simpáticas del mundo pero al mismo tiempo los más egoístas, a pesar de mis múltiples pedidos para que cierren las ventanillas del tren ellos no se molestaron en hacerlo y dejaban entrar el helado viento al vagón. Por ende, además de la maldita descompostura, desde este viaje acarreo tremendo dolor de garganta y cientos de constantes flemas. Pero lo peor de todo es que no tengo mi mejor medicina conmigo… Dónde está mi Red Label?!!?!?!

Llegamos a la terminal de Khajuraho a las 4:30 y aún no había amanecido por supuesto. Pero el horario no es mayor problema para los conductores de Rickshaws o taxistas, ellos trabajan a toda hora. Ni bien puse el primer pie en el frío cemento de la estación, decenas de molestos conductores se me acercaron ofreciendo sus servicios. Yo estaba decidido a caminar los 8 km que separan la estación de la ciudad, aunque debía llevar conmigo la “valija de mano” de Henriikka, sólo porque soy todo un caballero, no está de más decir que su valijita pesaba más que todas mis pertenencias juntas. Encontré entre la multitud de indios conductores, otra pareja de blancos rostros, y actuando como un local más me acerqué a ellos a ofrecerles compartir un taxi hasta la ciudad para compartir gastos. Lucas y su novia Joanna (de Polonia y República Checa respectivamente) aceptaron mi oferta. Mi humor había empeorado en las últimas horas. Desde afuera de la nueva camioneta Bolero pude escuchar cómo la música saturaba los parlantes de la misma. Nos acomodamos haciéndonos lugar entre otros 3 pasajeros con rasgos nipones y el conductor cambió el CD. – Se mueve para acá, se mueve para allá! Esta es la banda más loca que hay! – No, no estoy imaginándome en la cancha de Boca saltando de la cabeza; tampoco estoy soñando que estoy en un boliche de Buenos Aires (de hecho, saben que no tengo la más mínima idea de la música que pasan en esos lugares hoy en día); es la música que sale a todo volumen desde los parlantes de la camioneta. Me reí en mi interior, el viaje estaba mejorando de alguna manera y las cosas se pusieron aún mejores pues el siguiente tema fue “Gasolina” y los flashbacks invadieron mi mente automaticamente. Les expliqué al resto de los pasajeros sobre lo que se trataba la letra de la canción y de donde provenía la música que estaban escuchando. El taxista, por supuesto que no tenía la menor idea de ello. La ciudad aún está a oscuras y parece muerta. Nos llevó directamente hasta el único restaurante abierto a esa hora. Desayunamos y luego nos ofreció un nuevo recorrido por todos los templos gratuitos por la módica suma de 150 rupias cada uno. Para mi no tiene sentido, pues la ciudad es mínima y podríamos caminar el resto del día. El tren hacia Agra salía a las 6 de la tarde por lo que teníamos tiempo suficiente. El problema de viajar con más gente es que uno a veces debe ceder. Todos aceptaron la oferta del conductor y no tuve alternativa. Dejamos las valijas en el hotel “Bella Italia” que también pertenece al taxista y nos dirigimos a todos los templos.

De un templo hacia a otro, ya con el sol de frente, paseamos durante un par de horas. En lo que a mi respecta no vi muchas figuras extravagantes ni nada que pueda llegar a aumentar mis conocimientos “kamasuéstricos”. Los templos son bien parecidos unos a otros pero aún así se puede disfrutar cada detalle arquitectónico que ofrecen. Pasamos algo así como dos horas recorriendo los diferentes lugar y luego volvimos a la ciudad. El taxista, que no recuerdo su nombre, nos ofreció seguir el recorrido hacia los otros templos, para ello deberíamos pagar 800 rupias más sin contar con los 250 que sale la entrada a los mismos. También nos ofreció un paseo por un parque cerrado en donde podríamos ver una gran cantidad de pájaros y árboles, y contar con la posibilidad de ver algún tigre, este otro paseo salía aproximadamente 1500 rupias. Me sorprendí al ver la cara de “no sorpresa” de la pareja europea, pero Herniikka y yo decidimos dar de baja aquella opción. Teníamos siete horas sin mucho que hacer en un pueblo de no más de cuatro manzanas. Nos despedimos de la pareja quienes si aceptaron la oferta y nos decidimos a pasear un poco. Una hora más de caminata nos llevó recorrer todo el lugar, sólo porque caminamos lento y mi blonda amiga, haciendo honor a su femeneidad, decidió para en cada negocio para ver las ofertas y no comprar nada.

Tuvimos la pésima idea de seguir atacando nuestros lastimados estómagos y comer en un restaurante callejero. La carta no ofrecía demasiadas opciones y desconocíamos las mismas. A la zar ordené dos platos que parecían ser los más famosos y una coca, por supuesto. La coca tardó unos cinco minutos en llegar pero los platos se hicieron esperar. “Deben ser unos platos de la ostia” pensé, ya que había pasado más de una hora y aún no estaban en mi mesa. Una hora y veinticinco minutos después el joven mozo depositó los platos: una especie de panqueque de papa y cebollas empanadas fritas fueron la respuesta de mi azarosa opción. Mierda! esto seguro que no es bueno para mi condición… Comí menos de la mitad del plato de cebollas y tuve que salir corriendo al hotel donde habíamos dejado las valijas sólo para hacer uso y abuso del baño. Una nueva caminata por la ciudad se vio interrumpida por un muchacho y sus ganas de conversar. Por primera vez no intentaron vendernos nada, simplemente nos ofrecieron un chai y la oportunidad de una amistosa conversación. Gowinda es su nombre, pero le dicen Baba por su pelo largo. – Tu nombre debería ser EfeBaba pues eres más baba que yo por tus pelos y barbas largas – me dijo en mi propio idioma. Me contó que gracias a los turistas, mucha gente de la zona sabía algunas palabras en castellano. A los pocos minutos se sumó al grupo un mocoso de 10 años que también hablaba español y se introdujo en ese idioma. – Fumas marihuana? – me preguntó en espanol ¿cómo un mocoso de 10 anos ya sabe de todo esto? Baba me dijo que allí tirás una semilla y la planta crece así por si sola. El niño hizo su movida comercial y primero llevó a Henriikka al negocio de su tío para intentar venderle alguna pavada, y lo logró. Luego fue mi turno a pesar de las repetidas respuestas negativas a sus ofertas. En el camino hacia el negocio, tres muchachos de 17 años aproximadamente, lo agarraron del brazo y empezaron a gritarle sin sentido alguno. – Hey, hey! What’s going on? take it easy! – interrumpí sus amenazas para mi nuevo pequeno acompanante. Le pregunté qué estaba pasando y mantuvimos la conversación en español. – Les debo 30 rupias del almuerzo en el colegio – me dijo ante las atentas miradas de los matones. Saqué mi billetera y saldé su deuda no sin antes “amenazar” a los adolescentes para que lo dejen en paz. La verdad que uno nunca sabe con los locales, a lo mejor fue todo un plan del mocoso para sacarme unas cuantas rupias, no me gusta pensar de esa manera, pero luego de tanto tiempo en el país uno no se sorprende de estas cosas. En fin, no le compré nada al tío pero si me sacó 30 rupias para saldar su deuda. Se siente bien de todas formas.

De vuelta con el simpático Baba, seguimos hablando un rato y nos despedimos para una nueva caminata. En el camino conocí a Laura, una argentina artista de Boedo que estaba en la ciudad hacía más de 3 días. Qué carajo hiciste tres días acá? Nada, me invitaron a un casamiento y la quedé. Buena onda… En esa breve conversación el pequeno Gowinda pasó hablando en francés a dos senoras recién llegadas. Hindi, inglés, español, francés… nada mal eh!

A las 17 horas tomamos un rickshaw para la estación de tren a la espera del vehículo que nos llevaría hasta Agra y Delhi (Henriikka tenía otro destino en mente pues ya había estado en Agra). Al llegar al destino empezó la pelea por le precio. 150 rupias por esto? Estás loco? Ese es mi precio, 75 cada uno. No me importa, pagué 15 a la ida. 150 es la vuelta. No. Si. No, te pago 30 como mucho. No, 100. No, te dije 30 y no pienso pagar más de eso. Le dejé la plata en el asiento y me fui caminando haciéndole saber que ese robo sería un mal Karma para él. Eso es de lo peor que le puede uno decir a cualquier hindú. Escuché que me insultaba (o al menos eso creo) a lo lejos y lo dejamos hablando solo.

Una vez en el tren, vimos que seguíamos en la lista de espera. Nos metimos igual y nos acomodamos en el piso del primer vagón. El mismo lo compartimos con un indio de 18 años bastante simpático, dos viejas también locales, un yankie y una china que viajaban como pareja. Sabíamos que debíamos enfrentar una fría noche y un largo viaje,. Bueno, para mi eran “tan solo” 8 horas. Después de tomar tantos trenes de horas y horas, cuando uno dice que tiene que viajar 8 horas el otro responde -ah, es un tren corto!-. En fin. Nos acomodamos en el piso y nos turnamos con el único asiento vacío trabando ambas puertas de ingreso. En cada parada cientos de golpes e insultos provenían desde el exterior del tren. -Son estos indios que no quieren pagar el boleto e intentan colarse- nos explicó el chico que estaba en camino para ver a su futura mujer. Su matrimonio arreglado hacia unos años atrás no lo tenía para nada preocupado. Se hizo de noche en poco tiempo y el frío seguía entrando por todos los recovecos del tren y la ventana sin vidrio única en nuestro espacio en el vagón. -Me estoy re cagando de frío!!- les dije una y otra vez a todos quienes me acompanaban. Ellos estaban mejor preparados que yo para el viaje. A las 2:30 de la mañana llegamos a Agra. Intenté despertar a Henriikka para despedirme pero no fue posible y tampoco quería arruinarle el sueño, a pesar de sus múltiples pedidos para una propia despedida.

Acá donde empieza la magia. Agra, acá vamos… Son las 2:30 am, el Taj Mahal está a unos 15 kilómetros de distancia según dice el mapa y no tengo mucho para hacer. Una vez más decenas de taxistas y conductores de rickshaws invadieron mi lugar para ofrecerme un lugar en su vehículo. No thanks. But the Taj is really far. I don’t care, i can walk. Walking is far. I know. I will take you for 70 rupies. No thanks. No walikng my friend. Waling is for free and i have time… Todos estaban realmente sorprendidos con mi decisión de caminar a esas horas de la noche y por la distancia que nos separaba del fantástico monumento. No me importa, es cierto… Tiempo es lo único que tengo, no pienso desperdiciar mi dinero en un taxi si luego tengo que esperar horas y horas allí sentado. El Taj abre a las 8 am según tengo entendido. Empecé la caminata envuelto en la frazada de Turkish Airlines (ya podrían ser sposonrs de este viaje). Tenía mis guantes y mi gorro, y el ejercicio era más que propio para soportar el frío. A las pocas cuadras un amigo se sumó a la caminata, un can balnco y negro de no más de un año de edad. Me encanta cuando los perros simplemente deciden caminar con vos. Luego de una hora y pico caminando llegué hasta el Fuerte de Agra. Es verdaderamente increíble. Lo mejor de todo, es que pocas personas tienen la posibilidad de ver este lugar vacío (esta bien, desde afuera nomás, pero aún así) e iluminado en la fría noche. Tomé algunas fotografías que me las creo dignas de cualquier revista publicitaria y me dispuse a seguir mi camino. Frente al fuerte había un mapa un tanto confuso. “Vine por acá… ahora estoy acá… debería ir para allá…” hablaba en voz alta mientras dibujaba mi recorrido en el mapa. No fue de gran ayuda. El Taj Mahal cuenta con varias entradas y, según me recomendaron, debía ir a la puerta oeste. Me cansé de pensar y simplemente tomé la ruta más cómoda hacia el lugar que, por suerte, era la indicada.  Abran! Abran el Taj Mahala carajo que me estoy por congelar!

Un par de kilómetros después una pareja de policías sentada alrededor de un pequeño fogón me detuvo para preguntarme hacia donde iba. Les expliqué que había llegado de Khajuraho a las 2:30 am y que quería entrar al palacio. Me ofrecieron sentarme a fumar un cigarrillo y me dijeron que las puertas no abren hasta las 7:30 am. “No está nada mal… sólo tengo 3 horas más de espera” les dije. Tomé asiento y me llenaron a preguntas, principalmente sorprendidos por mi valiente caminata a esas horas de la mañana. Dónde te alojas? No tengo hotel. De dónde sos? De Argentina. Dónde está tu mujer? La dejé en Buenos Aires (les inventé sólo para jorobar un poco). Ahí comenzaron más risas y más preguntas… Hace cuanto estas viajando? Hablás hindi? Cuántos años tenés? Etc, etc, etc… Terminamos el cigarrillo, me desearon buena suerte y me dijeron que podía seguir mi camino y esperar cerca de la puerta donde encontraría un lugar un poco más cómodo para soportar el frío.                Seguí caminando y veo una pequena luz a la distancia. Cuando llegué a la misma entendí que se trataba de un nuevo control policial. Esta vez son 5 los muchachos sentados alrededor del fuego. De vuelta me ofrecieron sentarme y fumar otro cigarrillo y me invadieron con las mismas preguntas. –Enserio estás caminando desde la estación de tren?- todos parecían estar sorprendidos. Debo decirles que los indios no acostumbran a caminar tanto. La situación del cigarrillo y las cientos de preguntas se repitieron en 3 nuevas oportunidades. El único problema es que cada uno de ellos me indicaba diferente horario de apertura del Taj y del locker para dejar la mochila. A las seis, seis treinta, siete, ocho… Cada uno opinaba diferente, también en los mismos grupos. Eran las 5:30 am y aún no sabía cuánto debía esperar. Una vez más mi estómago reclamaba una visita al baño lo cual parecía imposible de encontrar en ese horario. Desperté a un pobre anciano que dormía en la puerta del hotel y aceptó mi desesperado pedido por usar sus instalaciones. Debo decirles que después de tal visita ya nada me importa. El lugar era tan desagradable y maloliento que ya nada me importa.

Sólo, en la fila para comprar la entrada. Un cigarrillo, dos, tres… La gente empezó a llegar y hacer fila detrás mío. Me quedé sin fósforos. Nadie fuma.  Miraba hacia todos lados, pues había quedado con mi amigo Ben, el canadiense, que nos encontraríamos allí para el amanecer, pero no había senales de él por ningún lado.  Pronto escuché dos españoles hablando detrás mío. Los invité a saltear la decena de japoneses y se unieron a mi lugar.Ellos si tenían encendedor por lo que fumamos un par de cigarrillos (Mario y José Ramón, viven en China e India respectivamente). La gente llega temprano pues en todas las guías recomiendan el amanecer para entrar al palacio. Finalmente se hicieron las 8 de la mañana y decidieron que era adecuado abrir la ventanilla. -Abraaaaaaan!!!- gritábamos a coro muertos de frío. Me despedí de mis nuevos amigos y fui a dejar la mochila. Treinta minutos después estaba adentro del tan admirado monumento. Me volví a encontrar con los gallegos y caminamos juntos alrededor del lugar. Decidimos alquilar una audio guía que estaba recitada en gallego, no en español, pues al cabo del primer punto de interés la guía nos dijo –Si desean escuchar más sobre este punto, simplemente presione la opción de “escuchar de nuevo” y disfruten- les juro que decía eso, no estoy inventando. Parecía un chiste de gallegos. Seguimos el recorrido según lo recomendado por la guía pero las descripciones eran aún más estúpidas y poco interesantes. Nos sentamos bajo el sol un rato. Siento un sacudón por mis hombros, era Ben, junto con su hermano Tom, que habían logrado llegar al Taj Mahal luego de haber perdido el tren matutino. Seguimos el recorrido los cinco juntos hasta que decidimos partir rumbo a Delhi. Me despedí de mis amigos españoles agradecido por su companía en el Taj y seguimos camino.

Una nueva pelea entre Rickshaws, taxistas, bici-taxis y camello-taxis! Antes de eso tuve que cambiar dólares. Esto si que fue interesante, ya sé que en India uno regatea por todo, pero jamás pensé que podía llegar a regatear en el cambio de moneda. Bueno, así fue… Llegamos a la estación de tren y nos pusimos en búsqueda del próximo tren hacia la capital. Afortunadamente sólo debíamos esperar media hora para la próxima salida, pero… No había más asientos disponibles. Por ende compramos el pasaje más barato, en la clase que sólo se viaja de pie rodeado por cientos de indios. El viaje es de 4 horas más o menos, creí que podría soportarlo con mi valija a cuestas. Aún así nos colamos en la clase más cómoda y fuimos rotando de asiento en asiento ante la mirada de los locales. Cuando desafortunadamente llegó el oficial del tren y nos pidió los boletos… Tuvimos que pagar una pequeña multa pero podríamos quedarnos en los lugares que habíamos conseguido. La multa, sumada al boleto pagado previamente, no superaba el precio del boleto más caro. Osea… si no conseguís boleto, comprá el más barato total si te exigen un pago no va a ser mayor que el normal. Es India… no tiene mayor explicación!!

Luego de un par de horas llegamos a la estación de Delhi… Mi estómago sigue trayéndome complicaciones, el frío sigue siendo insoportable… La buena noticia es que estoy otra vez acompañado por estos fenómenos canadienses que se zarpan de buena onda. Otra cosa curiosa de India es que a pesar de viajar solo, uno nunca viaja solo más de un día. Delhi es otra experiencia, otra ciudad, otra historia… Otro capítulo que se sumará a esta historia.

Hasta la próxima.
Sean felices.
Shanti shanti.